Dr. Bach

estrategia

A principio del siglo XX, el médico Dr. Edward Bach desarrolló un método basado en las flores, los árboles y el agua de manantial. Desde entonces, las esencias obtenidos del Dr. Bach, las tal llamas “Flores de Bach” se han hecho famosas en todo el mundo. Ahora forman parte de los métodos alternativos para reforzar el equilibrio mental. Las flores seleccionadas por el Dr. Bach disponen de la fuerza para conseguir de nuevo el equilibrio mental en el ser humano. El Dr. Bach se dio cuenta de que sus 38 esencias seleccionadas tienen el potencial de promover la fuerza anímica y de ayudar al ser humano en la superación de sentimientos negativos.

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Estrategia de reestablecimiento

No se debe luchar contra las debilidades del carácter, sino más bien convertirlas de forma consciente en algo positivo. Según Bach, la mejora de 38 síntomas básicos se lleva a cabo en cinco pasos. En un principio hace falta reconocer las debilidades. Paso siguiente, se aceptan las mismas y se les asigna al pasado.

Posteriormente, se selecciona y consume las esencias apropiadas de las 38 flores de Bach. A partir de este momento, el ser humano tiene que enfocarse en su tarea vital. Por medio de una asignación a conciencia es posible convertir los comportamientos negativos en fuertes de carácter.

Creación y destino

Para poder entender a Bach, hace falta conocer su visión del ser humano. En la tierra, el ser humano aparece en forma de su personalidad. Es su YO fugaz. No obstante, la esencia del humano es su alma inmortal. Ella es su ser superior, el núcleo eterno de cada persona. Cada alma es una parte imprescindible del macrocosmo energético. Bach aprecia a la creación en su totalidad. Todo queda unido con todo en la gran unidad del universo.

Todos los seres y sus formas de apariencia actúan en armonía conjunta, unos para los otros. Quedan unidos por medio de una energía, que Bach denomina, entre otros, como el amor o como Dios. Todo aspira la armonía. El ser humano tiene un sitio fijo en el orden universal, tiene una tarea vital prevista. La personalidad no sabe de este plan superior. Es el instrumento del alma para cumplir con la tarea vital asignada. Cada individuo aporta con su singularidad a la vibración armónica del universo entero.

Virtudes y deficiencias

La tarea vital no engloba unas instrucciones concretas de actuación, puesto que la tarea de cada ser humano consiste en la realización de características ideales. Entre estos, se incluyen el valor, la sabiduría, la alegría y el altruísmo.

Si estas virtudes no se aplican a través de la personalidad, se convierten en lo contrario y aparecen como debilidades del carácter. Las debilidades como el odio, la envidia o el egoísmo son algunas de las 38 enfermedades básicas del ser humano, según Bach. Estas debilidades de carácter hacen que el cuerpo sea susceptible para enfermedades.

Salud y enfermedad

Como todo universal, el ser humano aspira de forma inconsciente la armonía para establecer un estado de sintonía. Si la persona actúa según la aspiración del alma, es decir, si persigue su tarea vital, el ser humano entrará en un estado de salud y bienestar anímico total. No obstante, si la persona no persigue las necesidades del alma, todo entra en desequilibrio. Se destruye la armonía general.

En primer lugar, empeora el estado anímico del ser humano, al final, el cuerpo es susceptible para enfermedades. Por lo tanto, las enfermedades hay que entenderlas como un aviso. La persona tiene que volver a estar en armonía con el alma. Solo entonces el cuerpo puede volver a funcionar y a partir de allí, el macrocosmos universal puede volver a vibrar en armonía.

El malentendido

La discordia entre la personalidad y el alma se basa en dos malentendidos.

1. Sin la instrucción del alma, la persona no se orienta en su tarea vital. Esto se debe a que la persona, tanto de forma parcial como de forma íntegra, se cree independiente del alma. Debido a esto, el ser humano padece enfermedades básicas, es decir se presentan debilidades de carácter como la codicia, la falta de autoestimación, la desesperación, la agresividad o la intolerancia.

2. Sin el alma como guía, la persona no se orienta en la armonía del todo universal. Si la persona no actúa en concordancia con el alma, tampoco está favoreciendo la unidad del macrocosmo energético. Esto se da, puesto que el alma es una parte esencial de la armonía universal. Si la persona quiere imponer a otros seres su forma de actuar, los efectos hacia la armonía cósmica son cada vez más dramáticos.